Publicado el: 22 de mayo, 2018
En los últimos años ha ido en aumento la oferta de puestos de trabajo que tienen como característica la posibilidad de desarrollarse fuera de la oficina, ya sea en casa o en el lugar donde el colaborador lo decida; sí, nos referimos al Home Office. Para aterrizar este concepto podemos acudir por ejemplo, a la Ley Federal del Trabajo, que en su artículo 311 define el trabajo a domicilio como “El que se ejecuta habitualmente para un patrón, en el domicilio del trabajador o en un local libremente elegido por él, sin vigilancia ni dirección inmediata de quien proporciona el trabajo”.
El futuro nos alcanza, y gracias a las nuevas tecnologías, podemos tener una ‘cercanía’ distinta con los miembros de nuestro equipo independientemente del lugar en el que se encuentren, por lo que esta práctica es cada vez más común, lo mismo en grandes transnacionales como Dell o HP, como en pequeñas y medianas empresas. En el presente artículo pretendemos presentar los aspectos positivos del Home Office, pero también señalar algunas de las más importantes críticas.
El Home Office ofrece grandes ventajas tanto para la empresa como para el trabajador. Cynthia Johnson[1], por ejemplo, escribe algunos puntos que nos permitimos complementar. Se puede comenzar por señalar la reducción en los tiempos de traslado, así como en el costo del mismo. En el caso particular de las personas con discapacidad, suele ser más sencillo permitir el trabajo desde casa que implementar las adecuaciones que serían necesarias para llevarlo a cabo en una planta o en el corporativo. Hablando de insumos, IBM sostiene que desde que implementó su sistema de Home Office en 1995 hasta 2009, había reducido sus costos operativos en más de 100 millones de dólares. Algo nada despreciable. Sumado a lo anterior, nos encontramos con una importante reducción del ausentismo, el alcance geográfico se ve beneficiado y los problemas entre pares y colaboradores se reducen, aumentando la productividad individual. Johnson señala también que uno de los beneficios de esta práctica es la reducción de juntas innecesarias e irrelevantes.
No todos son partidarios del Home Office. Aquí algunas de sus razones. Con base en información de las revistas Alto Nivel y NetMedia, está claro que el sedentarismo es una de esas consecuencias que no se pueden presumir. Antes mencionamos a IBM; pues bien, resulta que a últimas fechas ha moderado la promoción de esta práctica argumentando que las exigencias actuales son distintas, y que ahora es necesaria una mayor disposición de los colaboradores en tiempo real, a fin de lograr obtener de ellos más y mejor creatividad y productividad. Como otro punto de mejora podemos encontrar la falta de reconocimiento, y en consecuencia, tiende a haber menor compromiso de su parte. En lo que respecta a la calidad, esta puede verse afectada debido a la falta de supervisión de los proyectos en proceso.
El Home Office llegó para quedarse, pero está claro que no es ni para todas las industrias, ni para todas las personas. Habremos de preguntarnos si estamos preparados para dar este paso, o si el giro de nuestra empresa lo permite. A continuación, señalamos una serie de recomendaciones.
Sugerencias para colaboradores:
- Realizar una agenda de acuerdo a los pendientes, fechas de entrega y relevancia de los mismos, además de tener un horario lo más cercano posible al del trabajo de oficina habitual, de manera que las llamadas a clientes y proveedores no intervengan con sus horas de comida o descanso.
- Avisar a demás miembros de la familia sobre los horarios en los que se estará dedicando a actividades profesionales para evitar visitas o atender llamadas que no sean del trabajo.
- Tener disposición para acudir a las instalaciones a juntas de emergencia, lo que requerirá cuidar la vestimenta, de manera que ante un imprevisto el colaborador se tenga que presentar lo antes posible en la oficina y en condiciones óptimas.
- Asegurar que se tengan a la mano los documentos y dispositivos electrónicos necesarios para no perder tiempo en la búsqueda.
Sugerencias para una organización:
- Empezar a delegar cosas de menor impacto a través del Home Office y evaluar el desempeño y el resultado aportado, a fin de que se vea que persona es la indicada para esta dinámica y actividades de qué carácter son las que se pueden encomendar.
- Analizar el ritmo de trabajo real de cada persona, para que de ser posible se encomienden más tareas considerando que la persona está en casa y que no pierde tiempo en trayectos.
- Buscar los medios tecnológicos como uso de nubes o plataformas web para que las tareas se lleven a cabo en tiempo real, además de que exista un constante mantenimiento de las redes y bases de datos que la empresa utiliza.
- Recurrir cada vez más al uso de las TIC’s para que sea más fácil el acceso a la información y que la distancia no sea un obstáculo para continuar con las labores profesionales.
- Aumentar la confianza en las personas a cargo con el objetivo de que se sientan comprometidas y consideren la importancia que tiene para la empresa el que cumplan con sus tareas, aunque no se tenga una supervisión total o una retroalimentación constante.
Por: Gerardo Díaz
[1] Emprendedora norteamericana y colaboradora en la Revista Forbes.

